Editada por Anagrama, Serotonina es la última novela de Michel Houellebecq. Nihilista lúcido, construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.

Después de cuatro años de silencio, el polémico escritor publica nueva novela sobre una etapa en la vida de un hombre llamado Florent-Claude Labrouste. Tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia. Deprimido y anclado en las lamentaciones, que le recuerdan los fracasos amorosos que explican hoy su soledad. Repugnado por los parisinos burgueses ecorresponsables y denunciante de los acuerdos de libre comercio que han acabado con los productores franceses, bien podría vestir un chaleco amarillo.

Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.

Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio…). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil…

Recibida en Francia como un acontecimiento cultural por la capacidad del escritor de captar el espíritu de su tiempo, ilustrado en esta obra por el malestar de los olvidados de la globalización. Predicción de lo que iba a ser la movilización de los chalecos amarillos.

En el libro, Houellebecq describe una Francia contemporánea donde junto a las escenas pornográficas (zoofilia y pedofilia incluidas) se dibuja un país violentado por la globalización, dispuesto a levantarse contra la autoridad, con los agricultores bloqueando autopistas y amotinándose contra el poder de la capital.

El eco mediático del autor ha convertido el lanzamiento en un acontecimiento en su país y también en el extranjero. Está claro, a Houellebecq o lo odias o te encanta. Dada la capacidad del escritor para incordiar, provocar, encender polémicas: cuando no ataca sin piedad, incluida su madre, a los sixties, declara con descaro su misoginia, propia de un salido de libro, su islamofobia…

Michel Houellebecq

Poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica. En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los Lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, así como Plataforma. Obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en 36 países, y ha abordado el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión. Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento (reunidos en el tomo Poesía) y Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con los prestigiosos premios IMPAC (2002) y Schopenhauer (2004); en España recibió el Leteo (2005).