Lumen publica La Catadora, la novela de Rosella Postorino ganadora del Premio Campiello, protagonizada por Rosa Sauer, la persona encargada de probar la comida de Adolf Hitler antes de que él la ingiriera.

Imaginad por un momento una mesa bien dispuesta, con platos de loza blanca llenos de comida exquisita. Unas judías verdes condimentadas con mantequilla fundida, el olor embriagador de unos pimientos asados y la textura de un Strudel de manzana recién horneado. Al levantar la vista encontrarán a unas mujeres jóvenes y famélicas. Estamos en 1943, en el cuartel general de Hitler y corre el año 1943; la guerra causa estragos, pero ellas están aquí y tienen hambre. Lo que pueda pasar después poco importa… «¡Comed!», ordenan los soldados de la SS: ellas son las catadoras del Führer y tendrán que aguardar una hora hasta que los guardias descarten que las viandas están envenenadas. En el ambiente turbio de este banquete perverso, que siempre puede ser el último, las jóvenes y los militares del cuartel trenzan alianzas insólitas. Pero ¿acaso hay algo insólito cuando vivimos al límite?

Rosa se mueve entre el miedo, a morir tras cada bocado, y la culpa, por aceptar y tolerar el nazismo. Aunque ella no se siente nazi, sabía que para sobrevivir debía trabajar para el Führer y comer su comida antes que él. Eso la hace sentirse cómplice y parte del sistema inhumano de los nazis. Y también siente culpa porque les pagaban por comer, aunque pudieran envenenarse. De algún modo eran privilegiadas porque comer significaba sobrevivir mientras otros morían y sufrían hambre a su alrededor.

En la novela, Rosa Sauer es reclamada por las SS en 1943 con el objetivo de trabajar para el Führer. Junto a otras nueve catadoras, intentará sobrevivir a la guerra mientras es obligada a arriesgar su vida todos los días para salvar la de Hitler.

Margot Wölk

La obra, está inspirada en la historia real de Margot Wölk, catadora durante más de tres años del líder nazi y la única que sobrevivió a la guerra de las catorce que trabajaban degustando los alimentos que él iba a ingerir .

Cuando Rosella Postorino se entera del caso de Margot Wölk se lanza a una carrera desesperada para hablar con ella que se frustra con su muerte. Empeñada en contar su historia, se documenta a fondo durante más de tres años para construir la novela. “Para ser fiel al contexto histórico he tenido que estudiar muchísimo: la alimentación del Führer, con las recetas de los platos que comía, cartas, entrevistas, libros, escuchas telefónicas, testimonios, perfiles psicológicos, novelas ambientadas en esa época…. Un estudio muy vasto que me ha permitido conocer los detalles para darle credibilidad al relato“, cuenta la autora, que aclara que solo ese contexto y las líneas generales de la vida de Wölk, Sauer en la novela, son reales. Lo demás, queda para la ficción. “En mi novela lo que se desprende es que estas mujeres que están siendo tratadas como cobayas, que están en una prisión, son casi esclavas aunque les paguen, y la única manera de sobrevivir es con relaciones que contemplan la frivolidad, las peleas por una tontería… y sobre todo que todas ellas con su dignidad aplastada recurren al amor como forma de defender la dignidad del ser humano“.

No fue hasta el 2013 que la alemana Margot Wölk, con 95 años, desveló que en la segunda guerra mundial los SS la obligaron a ser una de las 15 mujeres que durante casi tres años probaban a diario la comida que luego consumía Adolf Hitler para prevenir un posible envenenamiento. Sus compañeras fueron fusiladas por los rusos y solo ella sobrevivió a la guerra, huyendo gracias a un teniente nazi con el que tuvo una relación, aunque no se libró de ser violada por los soviéticos. La tardía revelación de aquella anciana llevó a Rosella Postorino (Regio de Calabria, 1978) a buscarla para entrevistarla, pero Wölk murió antes. Ello no impidió a la autora italiana recrear su historia, tras tres años de investigación. «Nadie sabía nada de ella. Sientes que ellas no tenían alternativa, ¿cómo le dices que no a las SS? ¿Estás dispuesta a pagar el precio de decir no? Me preguntaba qué habría hecho yo en su lugar. ¿Habría sido lo suficientemente valiente como para arriesgar mi vida por unas ideas? Esa decisión moral de los seres humanos que los convierte en mártires o héroes en sistemas totalitarios me llevó a escribir la novela» dice la autora.

Hitler era «una sombra letal» al que las catadoras nunca vieron. «No se dignaba verlas, eran cobayas». Pero en la novela él aparece de dos formas. «Una, como lo muestra la propaganda, marcado por la providencia, con valor místico, responsable de la vida y la muerte de los demás, omnipresente e invisible, como si fuera Dios». La otra es «a través de quienes lo conocían, que hablan de él como ser humano, y ahí hay que recordar que fue un humano que mató a muchos otros, era de nuestra especie”.

En ciertas épocas de la historia el no elegir significa elegir. La no elección forma parte de la complicidad… Tengo la sensación de que el público que viene a las presentaciones del libro percibe la historia como algo del pasado, que sucedió hace mucho y que nada tiene que ver con nosotros hoy. Pero sí tiene que ver. Yo crecí con la idea utópica y el sueño de una Europa organizada, de cooperación entre estados para prevenir las guerras. Y ahora, con la importancia de las fronteras y los nacionalismos y la fracturación política ese proyecto peligra. Se percibe al extranjero como una posible amenaza pero el inmigrante se ve obligado a dejar su casa, a afrontar torturas, violaciones, encierros, a pagar mucho dinero por cruzar el mar, arriesgando una vida que solo intenta mejorar. Valora su vida e intenta protegerla. Pero el Gobierno de Italia, el de Trump, también el ‘brexit’, por no hablar de Hungría y el resurgir de la extrema derecha, quieren anular el valor de la vida humana esgrimiendo un ideal o una justificación económica. Es espantoso. Eso es lo que nos debe preocupar, porque pueden despertar fantasmas del pasado”, reflexiona Postorino.

Rosella Postorino

Nació en 1978 en Regio de Calabria y vive en Roma desde 2002. Inició su carrera como escritora con un relato incluido en la antología Ragazze che dovresti conoscere (2004). En 2007 publicó su primera novela, La stanza di sopra, que fue seleccionada para el Premio Strega. Tras L’estate che perdemmo Dio (2009), novela con la que obtuvo los premios Benedetto Croce y Speciale della Giuria Cesare de Lollis, publicó K (2011) e Il corpo docile (2013). Colabora asiduamente en La Repubblica y Rolling Stone. La catadora ha obtenido el Premio Campiello, el Premio Pozzale Luigi Russo, el Premio Rapallo y el Premio Giovanni Comisso y se han vendido los derechos para su adaptación al cine.

«Un libro con un sabor que conmueve, que sabe a pasteles crujientes y especiados, a exquisiteces inimaginables en tiempo de guerra. Habla de vida plena de un tiempo que se queda en suspenso: es el tiempo de la ansiedad, tras cada comida, hasta saber si se nos va a conceder un día más.» L’Espresso

«Su escritura precisa y rica se mueve en distintos planos y consigue evocar, desde la ausencia, el cuerpo mismo de Hitler. […] La autora dirige con destreza el coro de las catadoras: define sus perfiles e indaga en las relaciones de fuerza y complicidad que se instauran, así como en los secretos y pecados que descansan en lo más profundo de sus conciencias.» Cristina Taglietti, Il Corriere della Sera