El 25 de enero de 1882  nace la escritora británica Virginia Woolf. Su nombre figura entre las y los grandes renovadores de la novela moderna. Experimentando con la estructura temporal y espacial de la narración, perfeccionó en sus novelas el monólogo interior, procedimiento por el que intenta representar los pensamientos de un personaje en su forma primigenia, en su fluir inconsciente, tal y como surgen en la mente. Algunas de sus obras más famosas, como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) o Las olas (1931), son ejemplo claro de este recurso mediante un poderoso lenguaje narrativo en el que se equilibran perfectamente el mundo racional y el del pensamiento interior.

Virginia Woolf reflexionó sobre la condición de la mujer, la identidad femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, que desarrolló en algunos de sus ensayos; entre ellos, destaca por la repercusión que posteriormente tendría para el feminismo Una habitación propia (1932). No sólo abordó este tema en los ensayos, sino que también lo hizo en novelas como Orlando (1928), en la que se difuminan las diferencias entre lo masculino y lo femenino, donde el protagonista es un aristócrata dotado de la facultad de transformarse en mujer.

La excepcionalidad de sus obras y su pronto reconocimiento y fama le valieron un puesto de gran relevancia en el mundo literario.

Pasados unos días de la celebración de su cumpleaños, no podíamos dejar pasar la oportunidad de celebrar a la escritora recomendando la lectura de su obra Las mujeres y la literatura

Con prólogo de Laura Freixas y editado recientemente por Miguel Gómez EdicionesLas mujeres y la literatura recoge una colección de ensayos en los que la autora nos ofrece una valoración única de escritoras como Aphra Behn, Mary Wollstonecraft, la duquesa de Newcastle, Dorothy Richardson, Charlotte Bronte, Jane Austen o Katherine Mansfield, entre muchas otras.

Que Virginia Woolf es una maravillosa novelista, todo el mundo lo sabe; pero no siempre somos conscientes de que esta maravillosa novelista es también una maravillosa cuentista, diarista, autobiógrafa y ensayista. La calidad de sus ensayos (en el sentido inglés, que incluye los artículos), como los que ocupan estas páginas, es evidente: por algo se han traducido a tantas lenguas, por algo se siguen editando. Pero ¿en qué consiste, exactamente?, ¿cuál es su secreto? Yo creo que es doble. Por una parte, el impecable razonamiento que los sostiene, tan cartesiano, tan bien trabado; por otra, la engañosa suavidad de su envoltorio. ¡Qué estilo tan natural, tan sencillo! ¡Qué elegante ironía! ¡Qué tono coloquial pero mundano, como de charla en un salón!… La frase que mejor define, para mí, los ensayos de Virginia Woolf, es la famosa imagen con que Bernadotte (un militar francés convertido, en 1818, en rey de Suecia) explicaba cómo había que gobernar a los franceses: «Una mano de hierro en un guante de terciopelo»… Laura Freixas