La reciente serie para televisión de HBO, ha traído como consecuencia la reedición de este libro que es un clásico de la ciencia ficción. La novela plantea una distopía comparable a la planteada por George Orwell en 1984. En Estados Unidos ya fue un superventas tras la elección de Trump como presidente, llegando a convertirse en fenómeno social al hacerse protestas a lo largo del país con la estética de la novela. Ha pasado de no encontrarse disponible en librerías, a estar entre los más vendidos.

El cuento de la criada (Editorial Salamandra, a la venta por 19,00€) es una novela distópica feminista donde la religión es ley y orden, donde las mujeres han perdido todos los derechos, y en algunos casos hasta el nombre.

Cuenta la historia de De-Fred (Offred) una Criada en la totalitaria República de Gilead, una dictadura militar teocrática y puritana instaurada en los antiguos Estados Unidos tras un golpe de Estado y que, amparándose en la coartada del terrorismo, como primeras medidas suspende la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. A consecuencia de la radiación, la toxicidad del aire y el agua, muchos hombres y mujeres son infértiles y los nacimientos han caído en picado, por lo que las Criadas son forzadas a acostarse con los Comandantes -oficiales de alto mando del régimen- para procrear. En Gilead, las Tías son las encargadas de inculcar las férreas normas vigentes a las Criadas, que, a su vez, tienen que servir a las Esposas. En caso de rebelarse, a las Criadas les espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirán a la polución de los residuos tóxicos.

Esta edición ha sido prologada por la propia Margaret Atwood. Este hecho ya es una invitación a leer esta inquitetante novela. En el prólogo encontraremos las razones personales que le llevaron a escribirla y sobre todo, su preocupación por la vigencia del argumento.

Fue la primera novela ganadora del prestigioso Premio Arthur C. Clarke a la mejor obra de ciencia ficción. Escrita en el Berlín Occidental que aún estaba rodeado por el Muro, donde vivía entonces Atwood, que también había experimentado la “sensación de ser objeto de espionaje” que se daba al otro lado del Telón de Acero en alguna de sus visitas. Como ella relata, eso influyó en la historia que estaba escribiendo. Además como persona nacida en 1939 y crecida durante la Segunda Guerra Mundial, tenía una clara conciencia de que “el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana“.

Es por ello que Atwood siempre ha definido El cuento de la criada como “ficción especulativa“, es decir, aquello que puede ocurrir. Uno de los principios que siguió de manera rigurosa fue no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya. Así fue, la novela se nutrió, de hechos históricos: ejecuciones grupales, las leyes suntuarias de la Edad Media, las quemas de libros, el programa Lebensborn de los nazis, el robo de niños de la dictadura militar argentina, la historia de la esclavitud, la historia de la poligamia en Estados Unidos…

La autora de El año del diluvio (2009) nos recuerda que las violaciones masivas y el asesinato de mujeres -adultas y niñas- han sido característica común de las guerras genocidas; que el control de las mujeres y sus descendientes han sido lo básico en todo régimen represivo; que muchos regímenes totalitarios han recurrido a la ropa para identificar y controlar a las personas (las criadas de esta historia van vestidas, léase uniformadas, de un modo diferenciador); regímenes que se han escudado en la religión para gobernar (los ha habido y los hay).

En esta introducción, Atwood no puede evitar hacer un símil de los hechos relatados en El cuento de la criada con el clima de división que se respira en Estados Unidos tras la victoria electoral de Trump, con la proliferación de miedos y ansiedades y la percepción de que están en peligro las libertades civiles básicas y los derechos conquistados por las mujeres, además de la proyección al alza del odio contra muchos grupos (étnicos, religiosos…) y el desprecio a las instituciones democráticas. No obstante, Atwood confía en que su novela no acabe convertida en una “predicción“.

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